001 – El comienzo

1 marzo 2010 at 12:00 AM (Cuentos del Instituto Arcángel)

LOS CUENTOS DEL INSTITUTO ARCÁNGEL:

Capítulo 001 – El comienzo ~


“Todo comienzo tiene su encanto”

- Johann Wolfgang Goethe.

“No importa lo pequeño que parezca el comienzo”

- Henrie David Thoreau.

El césped de las canchas del Lawn Tennis Club estaba empapado, cubierto por dos centímetros de agua, y la fina cortina de lluvia que caía desde un par de horas atrás disminuía bastante la visibilidad del campo de juego, a pesar de los cuatro enormes reflectores que estaban encendidos a doce metros de altura, uno en cada esquina de la cancha. Sin embargo, ni la lluvia ni la poca visibilidad que esta causaba, ni el barro que cubría el suelo de la cancha, eran capaces de evitar que una veintena de jovencitas de quince o dieciséis años de edad entrenaran su estado físico corriendo alrededor de la cancha. Todas ellas llevaban botines en sus pies, los que se agarraban firmemente al suelo en cada paso, evitando alguna caída por causa del barro, así como un palo de hockey en las manos. Por último, todas vestían una camiseta con los colores azul y amarillo que identificaban a su club.

Las lideraba una joven chica de unos dieciséis años de edad, que corría con tal expresión de concentración en su cara que el mal clima no podría haber borrado. Era la capitana del equipo de hockey del club, Luciana Alderete Hassan, bajo el mando de quien el equipo no había sufrido ninguna derrota importante. Al cabo de otra vuelta, Luciana consultó el reloj que llevaba en su muñeca. Ya era hora de que el entrenamiento acabara por ese día, por lo que aminoró la velocidad y dio a sus compañeras la orden de dirigirse a las duchas.

Ya en los vestuarios, Luciana dejó que el agua caliente relajara sus tensionados músculos por unos momentos, y luego salió de la ducha envuelta en una toalla, y se dirigió a su casillero para poder vestirse. Se secó el cabello y se vistió con ropa limpia, mientras saludaba a sus compañeras y les deseaba un buen fin de semana. Una vez que hubo guardado todo en su mochila y su palo de hockey en su funda correspondiente, salió de los vestuarios rumbo a la salida del club. El entrenamiento había acabado por aquel sábado y ahora debía volver a casa.

La lluvia seguía cayendo aún, mojando la acera del Parque Nueve de Julio, en el que el Lawn Tennis tenía su sede. Era una de esas lloviznas finas pero persistentes, de esas que no sientes caer, pero que bastan cinco minutos para que quedes totalmente empapado. Era en esto en lo que pensaba Luciana cuando cruzó las puertas del club para comenzar a caminar hacia su casa. Se acomodó la correa de su mochila, se puso el palo de hockey a la espalda y, obviamente, se cubrió con la capucha de su campera. No iba a mojarse el pelo por nada del mundo, aunque a decir verdad, siempre tenía un aspecto espléndido.

Luciana era una joven de dieciséis años. Era alta, morocha y muy hermosa. Sus facciones tenían los rasgos característicos de los príncipes árabes de antaño. Era noble y agraciada a la vez. Y en verdad poseía en sus venas sangre oriental. Su abuelo materno era sirio, y Luciana había heredado sus rasgos de él, además de su apellido.

Luciana Nadir Alderete Hassan pertenecía al estrato social y económico más alto de la sociedad. Su familia era muy respetada y tenía un gran poder adquisitivo. Su madre era abogada, y su padre era uno de los jueces más importantes de la nación. Era en verdad un juez tan hábil que había adquirido hace tiempo el cargo de embajador argentino en diversos países de Oriente Medio, y viajaba mucho, llevándose con él a su esposa, la señora Hassan de Alderete. De ahí que Luciana fuera tan independiente.

Su casa se ubicaba del otro lado del parque, en un nuevo barrio privado llamado “Lirios Blancos”, pero decidió dar un rodeo en lugar de atravesarlo a campo traviesa. No es que no le gustara la naturaleza, pero prefería caminar por la acera viendo las vidrieras de algunas tiendas que había por allí. Además estaba lloviendo y no iba a embarrar sus costosas zapatillas de marca. Ese sábado, sin embargo, la calle estaba desierta; quizás a causa de la lluvia, o tal vez fuera porque aún era época de vacaciones y mucha gente viajaba al exterior, aunque quizás el motivo más probable era que era sábado a la noche y la mayoría de los jóvenes y adultos se preparaban para salir a divertirse en algún local bailable, el caso es que no había nadie afuera. Y, para desconsuelo de Luciana, apenas había un par de negocios abiertos.

Luciana soltó un suspiro. En verdad no tenía deseos de regresar a su casa. Su padre estaba nuevamente de viaje y se encontraba con su esposa en algún remoto país del Oriente Medio. Dónde exactamente Luciana no lo recordaba, y en verdad no le importaba mucho recordarlo. Lo único que le importaba ahora era que debía volver a su casa, antes de que la lluvia terminara por empaparla por completo.

El sonido de su celular la sacó de sus pensamientos. Tomó el celular de su bolsillo y atendió la llamada.

— ¿Hola?

— Señorita, estoy sacando el auto. Pasaré a buscarla en cinco minutos. Por favor, espéreme en la puerta del club.— La voz de León se hizo oír.

— No es necesario. Ya terminamos el entrenamiento, y ahora mismo estoy regresando a casa.

— Pero, señorita, está lloviendo. Si me dice donde está, puedo pasar a buscarla en cuestión de minutos.

— No, de verdad, no hace falta. Además, hoy prefiero caminar un poco. Gracias de todos modos.

— Bueno, si está segura… Cualquier cosa que necesite sólo tiene que avisarme, ¿de acuerdo?

— Sí. Gracias, León.

León era el chofer privado de la familia. Al Luciana no tener hermanos, y al estar sus padres de viaje, el único trabajo que tenía ahora León era el de llevarla a dónde fuera que ella quisiese ir.

Claro que, en realidad, la Mansión – porque más que una casa, era realmente una mansión – de la familia Alderete Hassan no estaba vacía. Todos los empleados y miembros del servicio doméstico estaban allí. Desde León el chofer, hasta Marina y Cecilia, las mucamas, sin olvidarnos del chef Michel Ángelo y de Eliza, el ama de llaves e institutriz de la familia.

Cecilia, Marina y León, y especialmente Michel Ángelo y Eliza eran para Luciana como miembros de su familia, pero en realidad no era lo mismo. Aquel sábado Luciana se sentía extrañamente melancólica, quizás por efecto de aquel cielo plomizo, o por el hecho de que hacía ya más de dos meses que no veía a sus padres. Le hubiera gustado que su padre estuviera en casa para poder abrazarlo. Le hubiera gustado tanto tener un hermano, alguien a quien abrazar, con quien pelear un rato, para reírse de sus chistes o que la consolara cuando se sintiera estuviera triste y sintiese ganas de llorar. Ser hija única tenía muchas ventajas, pero de pronto se sorprendió pensando en cuanto deseaba tener un hermano mayor.

Se dio cuenta de que, absorta en sus propios pensamientos, se había quedado parada frente a la vidriera de uno de los pocos negocios abiertos, al lado de un drugstore que allí había. Realmente no había en la vidriera nada que atrajera especialmente su atención, pero sentado en un banquillo, en la puerta del drugstore, un chico de más o menos su edad, vestido de negro y con una botella de gaseosa en la mano no dejaba de mirarla. Ya lo había visto algunas veces antes, cuando llegaba al club para asistir a sus entrenamientos de hockey, pero la forma en la que no dejaba de mirarla la puso algo nerviosa, por lo que acomodó la correa de la funda del palo de hockey que llevaba en la espalda y siguió su camino, evitando un charco de manera muy cuidadosa, y intentando olvidarse del chico de la gaseosa.

Alejandro bebió otro sorbo de gaseosa y se recostó contra la pared que tenía a sus espaldas. Miraba la lluvia caer con aire indiferente, absorto en sus pensamientos. Se pasó una mano por el cabello húmedo; si bien la lluvia no había llegado a empaparlo completamente gracias a la rudimentaria protección que le proporcionaba el techo de aquel drugstore en el que se encontraba, el viento era fuerte aquella noche, y de vez en cuando alguna ráfaga lo alcanzaba, mojándolo por unos instantes.

La jovencita que había pasado hacía tan sólo unos instantes frente a sus ojos realmente era muy hermosa. Su rostro era muy bello, de piel morena y grandes y hermosos ojos. Iba muy bien vestida, y su cuerpo no tenía nada de desagradable. Chicas como esa se veían muy pocas veces, pensó.

Apuró el último sorbo de bebida que le quedaba y se dirigió al interior del drugstore, a devolver el envase de vidrio. El interior del drugstore era bastante grande, tanto que la clasificación de bar le caía mejor al negocio. Además de las omnipresentes heladeras en un costado y del mostrador lleno de golosinas tras el que el encargado se encontraba, el local consistía en una amplia sala con varias mesas y sillas, y un par de televisores que, como no podía ser de otra forma, transmitían un partido de fútbol.

Un grupo de unos tres hombres estaban sentados a una de las mesas, tomando un par de botellas de cerveza. Dos de ellos ya casi no podían coordinar sus movimientos, pero el tercero aún seguía algo lúcido. Los tres tenían un aspecto tan desagradable que, si Alejandro hubiese sido el dueño del negocio, no los había dejado entrar. Claro que, seguramente no era asunto del encargado del local la ropa que llevaban puesta, o incluso si se habían bañado antes de ingresar, siempre y cuando tuviesen dinero para pagar la consumición. En otra de las mesas, una pareja se encontraba tomando un par de tragos, mientras que en una tercera mesa, cuatro jóvenes de más o menos la misma edad de Alejandro disfrutaban del inicio de la noche del sábado, seguramente haciendo tiempo para ir a algún boliche luego, a juzgar por cómo iban vestidos.

El encargado del local, un hombre de unos treinta años como mucho, recibió el envase retornable y el dinero que Alejandro le entregaba para pagarle tanto la bebida con un sándwich que acababa de comerse, le entregó el cambio y le dio las gracias. Alejandro se dirigió nuevamente hacia la puerta del drugstore, y, antes de que saliera, uno de los tres hombres que estaban en el interior del negocio salió del mismo, pasando al lado de Alejandro. El olor que despedía aquel hombre hizo que Alejandro se hiciera a un lado. No es que le molestara el aroma a cerveza, pero, tal y como había supuesto hacía unos momentos, parecía que aquel hombre no había tomado una ducha en semanas. Alejandro sacó su billetera del bolsillo de sus jeans mientras aquel hombre se perdía por la calle, y contó el dinero que aún le quedaba. Treinta pesos. Era suficiente para alquilar algún cuarto de hotel. Nada demasiado lujoso, claro, pero alcanzaba para una cama cómoda, un baño y algo de desayuno a la mañana siguiente. Consultó el reloj que había sobre el mostrador del drugstore. Aún era temprano, pero sería mejor comenzar a buscar una habitación pronto, por las dudas.

“Bien.” Se dijo mentalmente. “Hora de encontrar un lugar para dormir.”

Se puso de pie y comenzó a caminar, mientras el recuerdo de aquella chica aún seguía flotando en su mente.

Caminaba lentamente bajo la lluvia, mientras maldecía en voz baja su suerte. No tenía ningún lugar al que ir, ningún sitio en el que pasar la noche. No podía, tampoco, regresar a su casa. No. No desde que lo habían echado de allí. Tampoco le quedaba ya demasiado dinero, y menos aún luego de haber cenado en aquel negocio. Tenía que conseguir dinero de algún modo. De cualquier forma.

Entonces pudo distinguir entre la lluvia a alguien frente a el. Era aquella chica a la que, cuando estaba en el drugstore, había podido divisar. Aquella chica que, seguramente, a juzgar por el hecho de que iba vestida con ropa de marcas costosísimas, tenía bastante dinero en los bolsillos. Debía conseguir dinero. De lo contrario… Bueno, mejor era no pensar en ello. El caso era que necesitaba dinero.

Se acercó cada vez más a aquella jovencita. Estaba ya a menos de veinte metros. A pesar de la distancia, pudo distinguir que llevaba un celular en su mano.

“Genial.” Pensó

Procurando que ella no se percatara de su presencia, extrajo un revólver del bolsillo de sus jeans y se acercó aún más a ella.

La intensidad de la llovizna había disminuido, y parecía que pronto dejaría de llover, pero de pronto la llovizna adquirió nuevamente fuerza, cayendo con más ímpetu aún.

Luciana aún llevaba el celular en su mano, y caminaba con paso lento, otra vez ensimismada en sus pensamientos. Por eso no pudo oír los pasos que la seguían.

De pronto ocurrió. Una mano que provenía desde algún sitio atrás de ella le arrebato el celular, mientras que otra la rodeó por el cuello y la arrastró hacia un costado de la calle, lejos de la vista de cualquiera que pudiese pasar por allí, aunque el lugar seguía desierto.

Luciana estaba paralizada por el miedo. Nunca le había pasado algo así. De repente sintió algo frío en su sien izquierda. No podía ver, pero estaba segura de que se trataba de un arma.

— Dame la mochila y todo lo que tengas en los bolsillos— ordenó una voz cercana a su oído. El olor que emanaba aquel hombre era nauseabundo, tanto que a Luciana le dieron ganas de vomitar.

— Vamos, pendeja Suelta la mochila y dámela de una vez. No tengo todo el día.— El fétido aliento de aquel hombre le provocó nauseas por segunda vez.

— N… ni loca…— dijo ella, y haciendo acopio del poco valor que podía sentir en una situación así, le dio un fuerte pisotón en el pie derecho, lo que provocó que el hombre soltara el agarre y ella pudo alejarse de él. Pero al hacerlo, el hombre apretó el gatillo del arma que llevaba en la mano. Una bala se incrustó en el suelo de baldozas de la acera, en el sitio exacto en el que había estado el pie de Luciana hacía tan solo unos segundos.

— Quieta o vas a ser boleta, pendeja.— dijo el hombre, visiblemente enfadado y acompañando sus palabras con otro disparo, pero esta vez al aire. Después de eso, Luciana se quedó quieta, paralizada por el terror que la invadía. No sabía qué hacer.

— Bien, así me gusta. Ahora quítatela mochila y déjala sobre el suelo.

Luciana estaba paralizada. Tenía la garganta seca y no podía hablar.Luciana obedeció muy lentamente. Se quitó la mochila que llevaba puesta y la funda de su palo de hockey y dejó ambas cosas en el suelo. Se dio luego la vuelta muy lentamente, de modo que pudo verle la cara a ese hombre.

Aquel hombre era algo más bajo que ella, de tez oscura y bastante corpulento. Debía tener como mucho treinta años, pero por la larga barba que llevaba parecía mayor, Tenía el pelo largo y sucio, al igual que su barba, y vestía unos harapos inmundos. En su mano derecha tenía el celular de Luciana, y en la izquierda sostenía en alto una pistola. Una pistola que apuntaba directamente a su cabeza.

Ese hombre se acerco, paso a paso hasta ella, sin dejar de apuntarle. Cuando llegó a su lado, levantó la mochila, dejando tirada en el suelo la funda del palo de hockey, y se la puso al hombro. Luego apuntó con el arma a la frente de Luciana, justo entre sus ojos. Unos veinte centímetros separaban su frente del cañón del arma.

— Préparate para ser boleta, pendeja— dijo.

Pero entonces Luciana pudo ver como una navaja se alistaba a cortar la garganta de aquel hombre.

— Ni siquiera lo pienses— dijo una voz grave detrás del hombre. — Suelta el arma, o el que va a ser boleta eres tú.

La navaja se presionaba cada vez más contra la yugular del hombre, mientras que Luciana ni siquiera podía ver quien era el que al parecer intentaba ayudarla.

Alejandro ya había recorrido casi una cuadra bajo la persistente lluvia, y ya estaba prácticamente empapado. Sus cabellos chorreaban gotas de agua y la ropa mojada se le pegaba al cuerpo. Decidió cruzarse de acera y caminar por el parque, bajo la relativa protección que los árboles le ofrecerían de la lluvia. Mientras cruzaba la avenida que lo separaba del parque, recordó que había un motel no muy lejos de allí, con habitaciones pequeñas pero cómodas y limpias, así como un baño, y además no era demasiado costoso. El problema era que estaba en dirección contraria a la que él iba.

Maldiciéndose mentalmente por no haberlo recordado antes, Alejandro comenzó a caminar hacia el otro lado, mientras el agua seguía cayendo sobre él, aunque atenuada por el tupido follaje de los árboles del parque.

No había caminado más de diez metros cuando lo oyó. No era un sonido muy claro, debido al viento y la lluvia, pero no podía haber sido un trueno, de eso estaba seguro. Ya había escuchado ese sonido antes, el disparo de un arma. Y provenía de algún sitio no muy lejano delante de él.

“Oh, mierda.”

Obviamente, no quería meterse en líos, pero el motel en el que tenía pensado pasar la noche estaba en aquella dirección. Además, de seguro alguien podría estar herido, y si él podía hacer algo para evitar que llegara a algo irremediable…

El sonido de un segundo disparo resonó en sus oídos.

“De seguro voy a lamentar esto”, fue lo único que pensó antes de salir corriendo en la dirección de la que el sonido de los disparos provenía.

[Post-Scriptum I: Aquí les dejo el primer capítulo de la historia, reescrito y (espero) mejorado. Volveré a publicar este viernes 5 de marzo. Dedicado a Ydukel.]

[Post-Scriptum II: La canción del capítulo es Start of something new, de High School Musical. Pueden ver la traducción que hice de la letra aquí. Les recomiendo que lean las traducciones que voy a poner de las canciones que acompañen los capítulos, ya que tienen mucho que ver con los mismos. Quiero aclararles que, si bien no voy a hacer traducciones literales, ya que modifico algunas pequeñeces para que la canción vaya de acuerdo al capítulo, no voy a alterar el sentido original de la canción. Cada vez que suba un nuevo capítulo, publicaré también la letra de la canción correspondiente, adaptada para el capítulo, así como una breve explicación de en qué se relaciona la canción con el episodio y por qué escogí esa canción.]

4 comentarios

  1. ydukel dijo:

    Wiii!!! Primero!!! gracias Aleh por dedicarme el capi… me gusto mucho… esta mas detallado que el anterior… con unos que otros cambios… pero aun asi pienso que lo has mejorado mucho…. eres un pequeño escritor muy bueno… sigue asi!!! =D

  2. Aleh-kun dijo:

    Sí, yo también considero que he madurado bastante en cuanto a escritura y narración, a riesgo de no sonar modesto, jeje.
    No tienes que agradecerme por dedicarte el capítulo.
    Saludos. =)

    A ♥ K

  3. Maajo dijo:

    hoola!
    taa bueeno el capituloo che!
    la verdad qe si esta mas detallado que el anterioor i con caambios…
    un beso che, nos vemos :)

    • Aleh-kun dijo:

      Síp, bastante más detallado.
      Me alegro de que te haya gustado.
      Nos vemos, saludos. =)

      A ♥ K

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